Ideario — Obras de R. Mella — I

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Sociologismo agotado

Me pide un compañero, en su nombre y en el de otros amigos, aclaración a palabras que dije en mi artículo sobre las conferencias de Maeztu y Alomar [3]. Suponen que afirmé la bancarrota del sociologismo revolucionario; y aunque ello no es así, aprovecho la ocasión que me brindan para desenvolver la afirmación que entonces hice respeto a esa materia.

Literalmente dije: «no ya el filosofismo alemán, el sociologismo de los Marx, Engels, Bakunin, Kropotkin, etc., actualidad vivida ayer mismo, está pasando a la historia en estos instantes. El pueblo toma la palabra y, en pleno practicismo social, se lanza a la acción por su cuenta y riesgo. Todas las teorías actuales no tienen más valor que aquel que brota de los hechos. Con actos se propaga, se demuestra, se convence».

En esas palabras no hay más que la afirmación de un aspecto de las contiendas de nuestros días.

Así como el filosofismo tuvo su preponderancia y su tiempo y se agotó al vaciarse en las prácticas de la vida ordinaria, así el sociologismo está agotado a estas horas después de haberse difundido entre las multitudes.

No tuvo el filosofismo una realización; no la tiene el sociologismo. La evolución es, en los dos casos, un fenómeno de expansión y de dispersión. Las ideas se fragmentan, se entremezclan penetran las multitudes y luego se esfuman al punto de parecer perdidas.

La literatura sociológica es todavía actual, pero su pujanza enorme hizo ya época. Son recientes, mas totalmente pasados, los tiempos en que el sociologismo dominó en absoluto la vida entera. Prensa, libros, hombres políticos, hombres de estudio, proletarios y propietarios, todo estaba influido, casi sojuzgado, por las diversas teorías sociales que perentoriamente solicitaban la radical modificación del mundo. Un momento pareció inmediata la más honda transformación de la vida social.

¿Qué queda de todo eso?

Arriba nada; abajo todo. Todo diluido, pugnado por el éxito experimental, por la comprobación práctica. El proletariado sólo en su fe revolucionaria, apenas lee, apenas estudia, apenas discute; su anhelo es la acción. ¿Sabe cómo, por qué y para qué? De momento no discierne. Sus prácticas son contradictorias, ambiguas, a veces dañosas. Es ficticia la delimitación de escuelas, la oposición de doctrinas. Se opera simultáneamente de muy diferentes maneras y no es raro ver a los que presumen de revolucionarios actuando como moderados y a los moderados como revolucionarios. Si hay oposición, si se discute, si se pelea, no es por doctrinas sino por aplicaciones. El practicismo lo llena todo. Los trabajadores no se han librado de esta característica de los tiempos.

¿Es un mal? ¿Es un bien? Es un hecho. El sociologismo está agotado. «La actualidad vivida ayer mismo, está pasando a la historia en estos instantes».

Han construido los hombres de estudio, almas grandes del ideal, sus edificios suntuosos de bienestar humano y ahora son las multitudes las que afanosas buscan realizaciones parciales, traducciones vivas de la letra muerta. Y al contacto de la realidad se falsean las ideas, se corrompen los principios, se tuercen los propósitos, se descomponen los partidos, claudican los hombres. Por eso hay quien habla de decadencia. Decadencia no; tampoco bancarrota. Transición; período de acomodamiento a la nueva sustancia; época de tanteos en busca de una orientación definitiva. Más cerca ahora que antes de la más honda de las transformaciones de la vida social.

De los libros hace ya tiempo que se puede entresacar un resultado, una constante finalidad. De los hechos todavía no. Ahora se actúa en este sentido. Las contiendas sociales adquirirán nuevas formas, tomarán nuevos rumbos. Acaso rebasen la lucha de clases, se salgan de los viejos moldes partidistas, superen las previsiones de los filósofos. Estamos en pleno período experimental. El pueblo trabajador ha tomado la palabra, y por su cuenta y riesgo, se lanza a la acción. En final de cuentas, él nos dará, pronto o tarde, el hecho social, traducción o no de esta o aquella teoría, trasunto sí e indudable de todo el contenido del sociologismo agotado.

En este problema de orientación, hay ancho campo para todas las actividades y también para todos los ideologismos.

Laboremos incansables por el advenimiento de la realidad prevista por los Marx, Engels, Bakunin, Kropotkin, etc. En marcha hacia el porvenir, no es éste sino un momento necesario de la larga caminata.

No en otro sentido he dicho que el sociologismo está pasando a la historia en estos instantes.

[3] Véase el artículo «Dos conferencias: Maeztu y Alomar», en el capítulo «Trabajos polémicos». (Nota de los editores).

  • Acción Libertaria, núm. 11, Gijón 27 de Enero de 1911.

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