Ideario — Obras de R. Mella — I

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13 de octubre de 19…

No somos devotos de las efemérides ni adoramos en los hombres, vivos o muertos.

Los sucesos y los hombres pasan; las ideas quedan. Mirar al pasado, vivir de recuerdos, plañir por lo perdido es detenerse en el camino y sumirse en la inacción. Mirar hacia el porvenir y correr sin tregua tras él, es de hombres de acción y de pensamiento, reñidos con el nirvana contemplativo.

Todos los días son buenos para tener presentes los asesinatos y las infamias gubernamentales, los latrocinios y las torturas del capitalismo. Cada minuto que pasa, se marca en el tiempo que corre con un hecho vandálico, con un dolor infinito de la multitud sufriente. Los mártires ignorados son a millones. Las angustias que matan, incontables son. En toda la redondez de la tierra gime la humanidad en la esclavitud y en la miseria. Estériles parecen los sacrificios. Infructuosas, las propagandas. Inútiles, las luchas. Millones de hombres arrastran, fatigados, macilentos, la pesada cadena de la existencia. No hay dolor como el suyo. Todo lirismo sería pálido reflejo del sufrimiento universal. Y el corazón que palpita acelerado, quiere romper las paredes frágiles en que se agita.

Callemos las vibraciones fulgurantes de los más bellos sentimientos. No se nos diga pietistas rendidos a las dulzuras del llanto refrigerante. No se nos crea inválidos del sopor cristiano que anonada y humilla.

Hablemos, como hombres de nuestro tiempo, más con la cabeza que con el corazón. El sentimentalismo no ha borrado en siglos el menor rastro del dolor humano. El dolor humano perdura y acaso se acrecienta y de agiganta. La civilización es la borrachera del dolor. Romper el encanto de los convencionalismos plañideros, triturar las causas que engendran el sufrimiento, aniquilar el mal por todos los medios al alcance del hombre fuerte, requiere esgrima de inteligencia y de energía, hechos y no palabras, ansias y no recuerdos, anatemas y no gemidos. Hay que ahogar la compasión, el amor, la piedad; hay que ser duros, que diría el filósofo poeta.

¡No hay dolor más grande que ahogar el dolor mismo!

¿A dónde nos conduce la vesania del capitalismo y del gubernamentalismo triunfantes, ensoberbecidos, sanguinarios y bárbaramente crueles?

Una fecha llega; un cobarde asesino se consuma; la multitud de todas las naciones clama; el tiempo pasa.

¿Remember? ¡No! Cada día cae más de una víctima; caen a millares. Cada día se asesina en masa a la muchedumbre hambrienta. Cada día se encarcela, se deporta, se persigue. Los luchadores por el ideal son acorralados como fieras. ¡Basta!

Miremos hacia el porvenir. Y si atrás volvemos la vista, no olvidemos que en un rincón del mundo hay una losa de piedra, sin una flor, sin un recuerdo, y bajo ello una voz de ultratumba que grita: «¡Germinal!» Es la voz a cuyo conjuro se cambió la faz de España y tembló el mundo.

Todos los días son 13 de Octubre de 19… Todos los días soportamos pacientes el sufrimiento, la miseria, la esclavitud.

  • El Libertario, núm. 10, Gijón 12 de Octubre de 1912.

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