Steubenville Survey: Response by Max Nettlau (1926)

RESPESTA DE M. NETTLAU

I.

La anarquía quiere decir, en suma, la manera como la vida humana se desarrollará en sus infinitas manifestaciones en un medio de libertad, depurado de todos los obstáculos opuestos al libre florecimiento, como el aire de los campos, de los bosques, de la montaña y del mar está forzado a respirar en los zaquizamís y en la fabricas, en las cuidadas mal saneadas de nuestra época.

El primer punto de la encuesta: Sobre los problemas actuales del anarquismo y medios par provocar un esfuerzo anarquista internacional contra la reacción autoritaria, se relaciona, pues, a los mil aspectos de problema inmenso y único: cómo llegar a realizar la anarquía, es decir, a separar los obstáculos y a crear los elementos capaces de realizarla y, necesariamente, para ese fin, cómo crear fundaciones sólidas y un suelo fértil que permitirán y ayudaran a esos primeros elementos a desarrollarse en las condiciones más favorables que excluyan la mayor parte de las desviaciones y los fracasos, parciales o totales. Porque ligados al pasado por su procedencia, esos primeros elementos no pueden aún estar aclimatados en tierra de anarquía, se aclimatarán poco a poco; pero sólo cuando haya desaparecido el residuo de concepciones y disposiciones del pasado, situado aún en ellos, por la practica de la vida nueva.

Los “problemas actuales” son verdaderamente muy numerosos, porque vivimos en una época de una recrudescencia horrible de la autoridad y si nosotros mismos nos mantenemos en pie y llevamos la cabeza alta, los ambientes que se avecinan al nuestro, y los más distantes con doble razón, han caído más o menos, por buenas o por malas, bajo el fascinamiento del autoritarismo creciente: se sembró con ligereza la autoridad al jugar con el bolchevismo, la dictadura — ¡se cosecha ahora a manos llena bajo forma de fascismo, con el pie sobre la nuca del más débil y el manganello sobre la espalda!

Se creería que en esta situación la libertad sería más atractiva que nunca para las numerosas victimas. ¡Ay! están en tal postración que sólo un salvador directo, más poderoso que sus verdugos, les atraería y la rebelión, iniciada por los libertarios, pero que debería sacar su gran fuerza de las victimas mismas, les parece inaccesible — las victima se resignan y no intentan ya más esfuerzo. Esto se aplica tanto a las decenas de millones que sufren la oligarquía incapaz y cruel de los bolchevistas rusos, como a las decenas de millones en Europa, en Italia, en España y en Grecia, en Rumania y en otras partes, a sistemas fascistas y también a otras decenas de millones que en los Estados en donde las antiguas formas constituciones o republicanas se han mantenido aún se ven paralizadas, impotentes ante las camarillas capitalistas, un fascismo en ciernes, una decadencia general de la vida social. Sin duda esas masas están descontentas, rugen sordamente, comprenden también que el más bello “partido obrero” no las salvara — los obreros ingleses han visto en el curso de pocos años tan palpablemente la impotencia del socialismo político llegado al poder, el gobierno de Macdonald, como la incapacidad de una jerarquía obrerista para conducir a buen fin una causa soportada por millones de obreros, como la grandiosa huelga inglesa de mayo de 1926. Pero esas masas no ven aún más lejos, les falta la fe en la libertad que conocen demasiado poco — ven una especie de sistema, que, sin embargo, lanzó un desario al capitalismo y es detestado por el capitalista, mantenerse de año en año en Moscú. Visto desde lejos y sin profundizar el examen, eso parece que continúa en pie… ¿y qué ven aún esas masas? Ven racismo y capitalismo cada vez más integrados uno en el otro — y no libertad… Los libertarios hacen sin duda lo que pueden, pero es demasiado poco en la situación presente; el mal destruye más de lo que la curación reemplaza y hay un periodo de gran declinación cuyas consecuencias serán tanto más graves, cuanto más se debilite la curación. He ahí por qué hay ciertamente hoy una cantidad de “problemas actuales” mayor que nunca.

Se objetará que hace dos o tres siglos no hubo ni socialismo ni anarquía alguna y sin embargo hoy existe tanto. Pero si esas ideas se han precisado en el siglo XIX y han sido tan vigorosamente preparadas, no hay que desconocer que desde hace muchos siglos el progreso se ha elaborado lentamente en toda la línea, por un gran conjunto de fuerzas sociales contra las potencias de as tinieblas y los detentadores de un poder feroz. Ciencia, libre pensamiento, progreso industrial, invenciones, descubrimientos, todo fue progreso, y ese esfuerzo lento, pero irresistible, triunfó en el siglo XIX. Desde entonces, no obstante, esa falange del progreso se ha escindido: no son más que los productores, los obreros y algunos intelectuales y artistas los que quieren marchar hacia delante — el capitalismo explotador y parasito, llegado a une supremacía jamás soñada, disponiendo de todos los recursos del globo, no quiere más que detenerse y ha hecho la paz con el Estado y la Iglesia; ha subyugado a la aristocracia y tiene a su servicio lo que le hace falta de ciencia para los perfeccionamientos mecánicos y la nueva ciencia de matar, la del asesinato científico de la guerras próximas y hasta de las luchas sociales ya. Flanqueados por una parte por el fascista con su manganello, por otra por el científico del gas venenoso, los parásitos, capitalistas, Estados, clero y toda su secuela de cómplices y de victimas obstaculizan ahora la vía del progreso que, después de todos los perfeccionamientos mecánicos de los últimos cien años, es ahora, en primer lugar, progreso social. Los elementos progresivos luchan seriamente por el progreso social que — nosotros estamos convencidos y ellos lo sabrán también — no puede ser más que la marcha hacia la libertad, el país de la anarquía futura, — esos elementos están cada vez más aislados, porque todo lo que es explotador y dominador se cristaliza cada vez más hoy en torno al polo capitalista. Pero existe esta ventaja muy grande, que la situación se esclarece más: aquí la reacción estancadora mantenida por la violencia siempre creciente de todos los fascismos — allí buena voluntad, buena fe, buena esperanza, aunque fuerzas todavía débiles para marchar hacia el progreso social, la dicha de todos, la libertad.

Conocemos todos la insuficiencia creciente del socialismo autoritario, bifurcado — no se sabe verdaderamente por qué — en socialdemócrata y en comunismo. Igualmente la organización económica de los trabajadores comprende, al lado de sindicalistas verdaderamente libertarios y revolucionarios, muchos matices autoritarios y reformistas que, en el fondo, difieren muy poco. Se observaría quizás al mirar de cerca, que los obreros organizados bajo alguna fuerza de las circunstancias y que son los jefes jerárquicos los que mantienen los matices, las divisiones, los odios mutuos y que sobre todo tratan de impedir que las ideas libres, la independencia intelectual no invada su dominio de organizados, su reserva especial.

Ha ocurrido, por la demás, que frente a esa estrechez y mojigatería de los grandes partidos políticos y grandes organizaciones, no pocos elementos de algún valor se separan continuamente de esos ambientes y se ocupan de movimientos y de cuestiones especiales — especializaciones insuficientes y que llevan a menudo en sí el fracaso, pero que demuestran la impaciencia, el malestar de muchos hombres en los grandes organismos, demasiado grandes para tener una vida real y palpitante, e igualmente un esfuerzo, un trabajo cualquiera son siempre ejercicio más útil que la inmovilidad estólida, del socialdemócrata-modelo.

En esos movimientos restringidos y diseminados hay a menudo hombres que aspiran hacia la libertad, sin entreverla completamente todavía, como nosotros creemos entreverla. Tales ambientes practican la asociación voluntaria, el estudio y la critica, la experimentación, entran en la esfera de los sentimientos, del humanitarismo, de arte y de la belleza, del florecimiento de las facultades latentes del hombre, del saneamiento de su cuerpo, de la liberación de su cerebro de tantos errores preconcebidos, etc. Todo eso es muy imperfecto, pero es infinitamente mejor que el embrutecimiento sistemático de los indiferentes por el pasto estrictamente anti-intelectual que los capitalistas y sus cómplices proveen, y mejor igualmente que el fanatismo estrecho fríamente cultivado del miembro del partido o sindicato reformista gobernado por su jerarquía.

Y más allá de ese medio que acabo de describir, no existimos más que nosotros, los anarquistas, fortificados por nuestra fe en el porvenir, pero, en mi opinión, demasiado poco una fuerza viviente que hiciese inclinar la balanza en esta época de recrudescencia de todo lo que es anti-libertario. ¿Qué hace, pues?

RESPONSE OF M. NETTLAU

I.

Anarchy means, in short, the way human life will develop in its infinite manifestations in a means of freedom, purified of all obstacles opposed to free flowering, such as the air of the fields, of the forests, of the mountain and from the sea it is forced to breathe in the zaquizamis and in the factories, in the poorly sanitized care of our time.

The first point of the survey: On the current problems of anarchism and means to provoke an international anarchist effort against the authoritarian reaction, is related, then, to the thousand aspects of one immense and unique problem: how to get to perform anarchy, ie , to separate the obstacles and create the elements capable of carrying it out and, necessarily, for that purpose, how to create solid foundations and a fertile soil that will allow and help these first elements to develop under the most favorable conditions that exclude most of the deviations and failures, partial or total. Because linked to the past by their origin, those first elements cannot yet be acclimated in the land of anarchy, they will acclimate themselves little by little; but only when the residue of conceptions and dispositions of the past, still located in them, has disappeared by the practice of new life.

The “current problems” are really very numerous, because we live in a time of a horrible recrudescence of authority and if we ourselves stand and hold our heads high, the environments that are close to ours, and the more distant with double reason, they have fallen more or less, for good or bad, under the fascination of growing authoritarianism: authority was sown with lightness when playing with Bolshevism, the dictatorship – it is now harvested at full hands in the form of fascism, with the foot on the nape of the weakest and the cosh on the back!

It would be believed that in this situation freedom would be more attractive than ever for the many victims. Oh! they are in such prostration that only a direct savior, more powerful than their executioners, would attract them and the rebellion, initiated by the libertarians, but that should draw their great strength from the victims themselves, it seems inaccessible to them – the victims resign themselves and do not try and more effort. This applies to the tens of millions suffered by the incapable and cruel oligarchy of the Russian Bolsheviks, as well as to the tens of millions in Europe, in Italy, in Spain and in Greece, in Romania and elsewhere, to fascist systems and also to other tens of millions that in the States where the old constitutional or republican forms have remained are still paralyzed, impotent before the capitalist cliques, a budding fascism, a general decay of social life. Undoubtedly these masses are discontented, they roar deafly, they also understand that the most beautiful “workers’ party” will not save them – the English workers have seen in the course of a few years so palpably the impotence of political socialism come to power, the Macdonald government , as the inability of a workers’ hierarchy to successfully carry out a cause endured by millions of workers, such as the great English strike of May 1926. But these masses do not see any further, they lack the faith in freedom they know too much little – they see a kind of system, which, however, launched a desario to capitalism and is detested by the capitalist, to be maintained from year to year in Moscow. Seen from afar and without deepening the examination, that seems to be still standing … and what do these masses still see? They see racism and capitalism increasingly integrated into each other – and not freedom … Libertarians certainly do what they can, but it is too little in the present situation; evil destroys more than healing replaces and there is a period of great decline whose consequences will be all the more serious, the more the healing weakens. That is why there are certainly today a number of “current problems” greater than ever.

It will be objected that two or three centuries ago there was neither socialism nor anarchy and yet today there is so much. But if those ideas have been specified in the nineteenth century and have been so vigorously prepared, we must not ignore the fact that for many centuries progress has been slowly developed along the whole line, by a large group of social forces against the powers of darkness and the bearers of a ferocious power. Science, free thought, industrial progress, inventions, discoveries, everything was progress, and that slow but irresistible effort triumphed in the 19th century. Since then, however, that phalanx of progress has split: it is only the producers, the workers and some intellectuals and artists who want to march forward – the exploitative and parasitic capitalism, reached a supremacy never dreamed of, disposing of all the resources of the globe, wants nothing more than to stop and has made peace with the State and the Church; it has subjugated the aristocracy and has at its service what it lacks of science for mechanical improvements and the new science of killing, the scientific murder of the next wars and even social struggles. Flanked on the one hand by the fascist with his cosh, on the other by the poisonous gas scientist, the parasites, capitalists, states, clergy and all their aftermath of accomplices and victims now hinder the way of progress that, after all the improvements mechanics of the last hundred years, is now, first of all, social progress. The progressive elements fight seriously for the social progress that – we are convinced and they will know it too – it can not be more than the march towards freedom, the country of future anarchy, – those elements are increasingly isolated, because everything that is exploiter and dominator is increasingly crystallized today around the capitalist pole. But there is this very great advantage, that the situation becomes clearer: here the stagnant reaction maintained by the ever-growing violence of all fascisms – there goodwill, good faith, good hope, although forces still weak to march towards social progress, the happiness of all, freedom.

We all know the growing insufficiency of authoritarian, bifurcated socialism – one does not really know why – in social democracy and communism. Likewise, the economic organization of the workers includes, alongside truly libertarian and revolutionary syndicalists, many authoritarian and reformist nuances that, in the end, differ very little. It would be observed, perhaps by looking closely, that the workers organized under some force of circumstances and who are the hierarchical leaders maintain the nuances, the divisions, the mutual hatreds and that above all try to prevent free ideas, independence Intellectual does not invade your domain of organized, your special reserve.

It has happened, on the other hand, that in front of that narrowness and prudery of the great political parties and large organizations, not a few elements of some value are continuously separated from those environments and deal with movements and special issues – insufficient specializations and that lead often failure itself, but showing the impatience, the discomfort of many men in the great organisms, too great to have a real and throbbing life, and equally an effort, any work are always more useful exercise than the stolid immobility , of the social-democrat-model.

In those restricted and disseminated movements there are often men who aspire towards freedom, without yet fully glimpsing it, as we think we glimpse it. Such environments practice voluntary association, study and criticism, experimentation, enter the sphere of feelings, of humanitarianism, of art and beauty, of the flowering of the latent faculties of man, of the sanitation of his body, of the release of your brain from so many preconceived mistakes, etc. All that is very imperfect, but it is infinitely better than the systematic brutalization of the indifferent by the strictly anti-intellectual pasture that the capitalists and their accomplices provide, and better still than the coldly cultivated narrow fanaticism of the party member or reformist union governed by your hierarchy

And beyond that means that I have just described, we exist no more than we, the anarchists, fortified by our faith in the future, but, in my opinion, too little a living force that would tip the balance in this time of recrudescence of everything that is anti-libertarian. What does he do?

II.

Ante todo, me parece que cada uno de nosotros debería interrogarse a si mismo hacia qué le llevan su inclinación y también su facultad; ante todo: amando la libertad, ¿se siente impulsado a realizar lo más posible por si mismo o quiere ser en primer lugar artesano de la futura libertad social de todos? — Yo sé que una verdadera realización de la libertad individual es imposible sin la libertad de todos, pero sé también que las apariencias pueden dar un cierto aspecto de libertad que tiene ya atractivos para muchos hombres. Sé también que el espectáculo de una libertad cualquiera es útil y que así la liberación personal de un individuo puede tener el valor de un ejemplo seductor; pero si el individuo libertado carece demasiado de desinterés, puede producirse el ejemplo contrario y su ejemplo no tendrá más valor social. El que se siente simplemente modesto artesano de la libertad futura es menos brillante, renuncia a muchas expansiones agradables, está contento de ser uno de los trabajadores obscuros de la primera hora.

Los temperamentos y disposiciones dividen a los anarquistas para ser más o menos lo uno o lo otro; raros son los que saben combinar felizmente y duraderamente los do tipos — tan raros que no hace falta que se erijan o se declaran el tipo modelo, — y lo mismo los dos tipos con sus necesarios intermediarios, no deben creerse el uno superior al otro ni tratar de suplantarse recíprocamente: deben tolerarse mutuamente, ayudarse, completarse, cooperar donde es posible, ir cada cual por su camino sin mala sangre cuando no es posible ir juntos. Una lucha entre ellos es siempre fratricida. Todas las diferencias entre los anarquistas son pura perdida, de importancia minima muy a menudo y de efecto desastroso. Su origen está situado en la falta de simpatía entre los dos tipos descritos, en las imperfecciones inevitable inherentes a cada uno de nosotros que hemos sido educados todos en el sistema autoritario que dejó en unos rasgos un poco más fuertes, en otros menos. Cada una, además, se entrega al movimiento con un grado diferente de intensidad, etc. Hagamos, pues, frente al enemigo común y no tiremos sobre nosotros entre camaradas — ¡es de tal modo absurdo!

No insisto sobre este punto, pero una cesación de todas las hostilidades entre anarquistas me parece la primera necesidad para preparar un esfuerza serio contra la reacción. No rechazo la critica, pero sí el carácter malévolo de muchas criticas, la exageración de las divergencias, el deseo de tener razón o la ultima palabra, de aniquilar al adversario si se pudiera. Para mi es lo mismo que fulano piense esto o lo otro; si me desagrada demasiado no lo apoyo, no lo leo. El mundo es tan amplio, nosotros somos tan poco numerosos todavía: ¿por qué entre-degollarnos tanto, devorarnos, destruirnos mutuamente, todo menos ayudarnos, idea que un cierto Kropotkin ha comprobado en otro tiempo activa en el menor animal y en el hombre primitivo, pero que parece extinguirse cuando algunos anarquistas son de opiniones diferentes?…

Deberíamos tanto más asociarnos todos lo más posible, para una franca cooperación sin doblez, cuanto que la situación internacional general ofrecería grandes posibilidades, si se manifestase mundialmente el impulso de una renovación antiautoritaria. Porque nunca se desvalorizó a sí misma tanto como hoy la autoridad por los crímenes y las brutalidades; nunca fueron tan impotentes el reformismo y el socialismo político, tan incompetentes; nunca se había hecho tan palpable la ineficacia de un socialismo impuesto y controlado desde arriba como el presente bolcheviquismo. Todo lo que es infestado por el virus autoritario de disgrega o no se sostiene en pie más que por crueldades sin nombre, de las que se habría espantado el siglo XIX en sus años de mayor reacción. ¿Quién heredará, pues, de esta terrible situación? Sería la libertad, sería la anarquía si estuviera allí para recoger esa herencia. Para eso es preciso un esfuerzo razonado y por eso no entiendo algún arreglo premeditado, sino una mentalidad atenta, receptiva y una voluntad perseverante dos factores que exigen un esfuerzo muy serio.

Vemos hoy, no un verdadero socialismo, sino una conciencia profunda de su explotación indigna por las clases dirigentes y por su cómplice, el Estado, bajo todas sus formas, conciencia que penetra a cada obrero. El descontento, la rabia sordo, el odio a ese parasitismo cada vez más desvergonzado, existen; lo mismo la comprensión de que no depende de la voluntad del pueblo el poner un fin a ese estado de cosas. Pero para eso haría falta la cooperación de los rebeldes y su primera condición sería la confianza. La vida es dura y malévola, se es siempre engañado; tampoco el político y el jefe sindicalista, hombres de rutina, inspiran esa confianza ni dan ningún impulso. Estonces las masas tascan su freno, pero están ahí. Se recuerdan de sus raros instantes de poder, de la ocupación de las fabricas en Milán, de las semanas rojas de Barcelona y de Romana en 1909 y 1914, de los motines en toda Italia, desde Foggia a Milán, en mayo de 1898, de ciertos días en que parecieron triunfar pero en que otros escamotearon los frutes, en Alemania, en Austria-Hungría, en 1918–1919, y del gran aplastamiento del zarismo en 1917. Todo eso puede producirse de nuevo cada día en casi toda Europa y cada día aporta la noticia de incidentes más o menos violentos de esa lucha siempre dispuesta a estallar. El desequilibrio económico creciente perpetúa la desocupación y aumenta su cifra y hace intolerable la miseria de los que, durante años, quedan sin trabajo y conocen todo ese aparato burocrático y policial que les tiene en sumisión; el resto de los obreros sientet el temor de perder ellos mismos sus puestos. Todo eso crea un inmenso malestar y es muy posible que se harán guerras justamente para diezmar de nuevo a los hombres, porque hay demasiada gente. Llegará entonces, o bien la guerra de la ciencia de destrucción o cataclismos revolucionarios que llevarían al poder a los adeptos de la dictadura más brutal.

No me es posible prever lo que harán estonces los anarquistas, por que, ante todo, no los veo en Europa en numero suficiente para influir el curso de los acontecimientos. Se arrojarían en el torbellino y harían la labor más dura y peligrosa, pero, como en Rusia en 1917–18, habrá allí otros, organizados y dispuestos a tomar el poder, y recogerán los frutos — como en Rusia. Se comenzará, seguramente, por reuniones generales, por consejos, soviets, compuestos por todos, de oficio, de barrio, de fabrica; pero mediante delegados y comisiones se llegará pronto a una jerarquía nueva — y si esas asambleas primarias con mayoría, comunista y socialdemócratas crean una tal jerarquía por voto o aclamación, el juego habrá sido hecho: desde ese momento los anarquistas quedaran de nuevo fuera de la ley y serán reducidos a la inacción o aplastados por matanzas y calabozos como en Rusia.

He ahí el punto en que debería intervenir una fuerza que dijese: eso no se hará — y esa fuerza podría ser doble: la del sindicalismo serio y la mentalidad humanitaria de todos los no-anarquistas, pero también no-bolshevistas, no capitalistas, no fascistas que existe y que habría que desarrollar y aumentar. Ellos y todos las socialistas y otros hombres de buen sentido y do espíritu de equidad pronunciarán su veto y establecerán ese principio: que el monopolio de una especie particular del socialismo — como el quo usurpó el bolchevismo en Rusia — no volverá a ser tolerado.

Me parece esencial pensar en esas posibilidades, porque una victoria anarquía la inmediata universal y de conjunto me parece una ilusión absoluta. Si une mayoría minoría anarquista fuera victoriosa localmente, encontraría una mayoría recalcitrante en el mismo lugar y mayorías hostiles en otras partes y sería forzada a combatirlas, a aterrorizarlas, a aplastarlas o a reducirlas al silencia: ¿dónde estarla el bello ejemplo de la anarquía en esas condiciones de terror? Se embrutecería por esas luchas o seria aniquilada por sus adversarios. Si, en cambio, no se realizase la anarquía más que cuando hubiese mayoría, entonces más vale no hablar de ello; eso equivaldría a relegarla a un periodo indefinido e inimaginable en que todos los demás sistemas habrán estado en vigor y al mismo tiempo, milagrosamente, la idea anarquista se convirtió a su vez en mayoría! — Va a ser preciso, pues, contar con un periodo, la caída del capitalismo, mediante la eliminación de los parásitos y por la continuación de la vida social por los obreros y ayudas técnicas, que ya desde hace mucho hace posible esta vida, y la caída del Estado, es decir, la dispersión a los cuatro vientos de los funcionarios que, como los en otros tiempos capitalistas, harán en lo sucesivo labor útil igual que los demás. Esas des liquidaciones tendrán lugar sin falta, la evolución tiende hacia ese objetivo tan rápidamente como en 1789 tendía a la liquidación del feudalismo y de la realeza en Francia.

Pero una vez hecho eso se trata de impedir la usurpación, el monopolio de un partido social, — se trata igualmente de impedir el devoramiento mutuo sucesivo de los partidos por la intriga parlamentaria. Se trata, pues, de no reiterar las luchas de 1789 a 1794 que terminaron en la guillotina, en la dictadura, en Napoleón III [¿] y en el imperio; las de 1848, que llegaron al 15 de mayo, a las masacres de junio de 1848 y pronto de nuevo a un Napoleón y al imperio; la luchas rusas a partir de 1917 que culminaron en la dictadura de Lenin y de sus sucesores, en la muerte, en el presidio para los otros partidos.

Será preciso, pues, establecer por fin la convivencia, la coexistencia mutuamente garantizada de los partidos. Eso no es tan absolutamente quimérico, cuando se pone en ello buena voluntad. Incluso la representación política, los parlamentos han sufrido en no pocos países desde el simple sistema mayoritario a los diversos sistemas de representación proporcional. Incluso en el terreno donde la brutalidad y la codicia son tan fuertes, [de los nacionalidades] se comienza a establecer lo que se llama el derecho de las minorías. En religión el siglo XIX ha establecido la libertad de cultos, la exclusión de una dominación espiritual por una solo iglesia. La libertad de la enseñanza, de la ciencia, la del comercio son otros precedentes. ¡Por consiguiente, habría como para desesperarse de todo, si hubiera que decir que solo el socialismo — que tiende precisamente a fundar y a cimentar la solidaridad humana — seria en manos de los ambiciosos y de los fanáticos el regreso a la uniformidad, al sistema único, mantenido por la fuerza, y que desprecia y pisotea toda otra concepción social!

La política ha tenido sus dos Bonaparte y otros fanáticos de la usurpación absoluta hasta los diversos Mussolini de nuestra edad fin-de-politique; el socialismo ha tenido sus usurpadores espirituales, Marx, y materiales, Lenin — unos y otros son igualmente peligrosos, anti-humanos, antisociales. La humanidad política y social se apartará de ellos, hacia la sociabilidad, la convivencia. El puesto de la anarquía no puede estar con la usurpación: será generalizada, universalizada un día — esperémoslo — pero será un fin, un objetivo realizado espontáneamente, no existirá en el comienzo (valdría tanto como esperar que saldrá del vientre de la madre un hombre crecido y no un niño). Todo eso es preciso decirlo, y muy altamente. Es preciso también reconstruir la mentalidad de la libertad y de la convivencia que ha hecho ensombrecer la resurrección de la ferocidad atávica por las guerras. No es un trabajo idéntico a la propaganda anarquista — lejos de eso. Esa propaganda, que soy el ultimo en querer descuidar o disminuir, irá por su camino; pero será necesario reconocer, elaborar en pensamiento y propagar con inteligencia que después de la liquidación del capitalismo y del Estado, sólo una convivencia solidarista puede formar la gran base y el cuadro en que se harán las diversas realizaciones socialistas, la anarquista y otras, cada cual en su esfera, con su parte proporcionada de las riquezas sociales, — lo mismo que después de la caída de la Inquisición hubo la libertad de cultos y la libertad de pensamiento o como después de la caldea del monopolio de Aristóteles y de Ptolomeo en ciencia, en astronomía, se produjeron desenvolvimientos libres y fecundos. El monopolio no ha producido nunca otra cosa que estancamiento, improductividad. Seria lo mismo para el socialismo y la anarquía y se trata de apresurar su advenimiento procurándoles esas condiciones eugénicas de la convivencia y de la experimentación libre que les permitirán prosperar. Si los anarquistas se entregan a esa labor, el mundo volverá los ojos hacia ellos y no les volverá los ojos hacia ellos y no les volverá a perder de vista como sus salvadores en esta gran crisis.

Recordémonos del federalismo de los Pisacane, Proudhon y Bakunin. Esos hombres, a quien nadie cargará con el reproche de haber desconocido la importancia absoluta de un cuadro amplio y libre del desenvolvimiento humano, que no puede ser establecido más que por el federalismo. Bakunin ha sentido más que nadie que la gran lucha consumiría, devoraría a los primeros fundadores de la anarquía, la de desbrozamiento del terreno, obstaculizando que el pasado se escurra en el porvenir bajo algún disfraz, que la dictadura estéril detenga el libre florecimiento, y poniendo luego los cimientos básicos de la nueva construcción. Eso se haría por la federación y la solidarización de las localidades y de los grupos. La otra condición esencial seria el derecho de secesión de los grupos, pequeños o vastos, de los individuos. No se ha ocupado del arreglo o de los acuerdos que esos grupos tomarían entre sí; eso seria cuestión suya y el resultado de su experiencia.

Esa nueva sociedad entrevista por el no era, pues, específicamente anarquista; era simplemente libre, ofreciendo garantías para toda nueva forme de libertad por los contratos entre los grupos y la libertad de hacer por sí mismo gracias al derecho de secesión. Ese cuadro que habría bastado a Bakunin, me parece que puede bastar siempre a los anarquistas de nuestra época. Habría así, después de la caída del capital y de los Estados una solidarización de todos los elementos de la vida social futura y los anarquistas realizarían su manera de vivir en su esfera personal y local en la medida de sus fuerzas. El que quiere ir con ellos irá, el que quiere separarse, se separará. Un sistema autoritario invasor no será posible, pues estaría en contradicción con el pacto general de solidaridad, que todos los hombres de buen sentido sabrán mantener en vigor. Si los autoritarios se forman autoridad entre ellos o si se queman las cejas en el altar de Marx y de Lenin, en su iglesia privada, eso será cuestión que les concierne a ellos. Habrá probablemente un gran mayoría de socialistas pura y simplemente, hombres y mujeres que disfrutarán de la vida y no pensarán en las querellas de las capillas socialistas como nosotros no pensamos en las de los Padres de la Iglesia, en las escolásticas de la edad media y en las querellas de los teólogos del siglo XVII. La juventud creciente en ese ambiente se unirá, esperémoslo, a los grupos más libres y así la anarquía ganará terreno. Habrá arreglos convenientes para los objetos utilizados por todos, caminos, transportes, agua, organizaciones sanitarias, etc., no nos rompamos la cabeza sobre esos detalles como sobre el antiguo problema tan a menudo discutido en otro tiempo: lo que se hará si un hombre construyese una casa en medio de un camino o sobre el discutido alrededor de Tucker: si un individualista, adepto a la propiedad, comprase un mono y ese mono evolucionase a la categoría de hombre, ¿seria libre por su derecho humano o debería rescatarse por el hecho de haber sido comprado siendo mono? Con esa escolástica, y muchas otras inutilidades aún, se aisló la anarquía y se perdieron años preciosos, durante los cuales la gazmoñería marxista y la brutalidad bolchevista han crecido. Bakunin no tenia tiempo para eso; sabia que es preciso comenzar por el comienzo y que de la solidez de los primeros fundamentos, de la ausencia de defectos iniciales, depende todo. Estamos en caso parecido: la obra está enteramente aun ante nosotros.

Pero poseemos infinitamente más materiales que entonces — ¡qué no habría intentado hacer Bakunin con los elementos disponibles hoy! Poseemos un gran ambiente favorable en los sindicatos, cualquiera que sea el color de sus jefes: seria un error despreciar todos los miembros de un sindicato, porque por alguna maquinación se encuentran a su frente ambiciosos sin valor. En estos últimos años también los obreros de los grandes talleres y fabricas se conocen mejor entre si y forman las unidades locales de la mayor importancia. Conocemos también el entrelazamiento del trabajo productivo e indispensable, los rodajes vitales del organismo social, cuya detención paraliza el resto. Los capitalistas saben igualmente eso y han tomado arreglos para combatir en ese terreno, pero la huelga inglesa ultima no ha sido demasiado brillante para los capitalistas y habra ensenado ciertamente mucho a los obreros. Y como he dicho ya, muchos buenos elementos se especializan ni por las grandes organizaciones de los partidos y de los sindicatos en que el individuo no es más que una cifra, ni por el anarquismo que les parece demasiado teórico, demasiado separado de la vida real.

Hay, pues, ahí todo un mundo a ganar para la idea de la convivencia, del veto contra las usurpaciones, del fair play for all (probabilidades equitativas para todos). Surgiría de eso un apaciguamiento de la histeria autoritaria, una renovación de la discusión cortés, del estudio, de la experimentación, un nuevo florecimiento de la esperanza, — en una palabra, une detención del mal y una iniciativa libertaria que prepararía el suelo sobre el que florecerán las primeras flores de la verdadera anarquía de nuestros sueños.

A eso cooperarán aquellos de los anarquistas que lo hagan de buena gana, espontáneamente. Los que no quieren cooperar, harán lo que quieran; yo no critico su genero de actividad. Pero se abstendrán de poner obstáculos a tal esfuerzo — no son ya los guardianes de las verdaderas luces de la anarquía, como no lo somos nosotros. La anarquía, por su esencia misma, no es más que un método, libre desenvolvimiento, y por eso necesariamente múltiple en formas, en resultados.

Si, por tanto, una tal aproximación, inteligente y sin doblez de pensamiento, a todos los elementos ahora relativamente neutros y no corroídos por la gangrena autoritaria, se produjese para hacer caer la balaza del lado de la libertad y del progreso, ese sería un esfuerzo anarquista internacional digno de los anarquistas y salvador para su causa, — sin que las otras formas de actividad anarquista debiesen padecer: al contrario, todos los esfuerzos diversos se sostendrán y se apoyarán mutuamente.

II.

First of all, it seems to me that each one of us should ask himself what his inclination and also his faculty lead him to; First of all: loving freedom, do you feel impelled to do as much as possible by yourself or do you want to be the first craftsman of the future social freedom of all? — I know that a real realization of individual freedom is impossible without everyone’s freedom, but I also know that appearances can give a certain aspect of freedom that already has many attractiveness for men. I also know that the spectacle of any freedom is useful and that thus the personal liberation of an individual can have the value of a seductive example; but if the liberated individual lacks too much disinterest, the opposite example can occur and his example will have no social value. The one who feels simply modest craftsman of future freedom is less bright, renounces many pleasant expansions, is glad to be one of the dark workers of the first hour.

The temperaments and dispositions divide the anarchists to be more or less the one or the other; rare are those who know how to happily and durably combine the types — so rare that they do not need to be erected or declared the model type, — and the same two types with their necessary intermediaries, should not believe the one superior to the other or try to supplant each other: they must tolerate each other, help each other, complete themselves, cooperate where possible, go each one on their way without bad blood when it is not possible to go together. A struggle between them is always fratricidal. All differences between anarchists are pure loss, of minimal importance very often and of disastrous effect. Its origin lies in the lack of sympathy between the two types described, in the inevitable imperfections inherent in each one of us who have all been educated in the authoritarian system that he left in slightly stronger features, in others less. Each, in addition, is delivered to the movement with a different degree of intensity, etc. Let us, therefore, face the common enemy and not throw ourselves among comrades — it is so absurd!

I do not insist on this point, but a cessation of all hostilities between anarchists seems to me the first necessity to prepare a serious effort against reaction. I do not reject criticism, but I do have the malevolent nature of many criticisms, the exaggeration of divergences, the desire to be right or the last word, to annihilate the adversary if possible. For me it is the same as so-and-so thinks this or that; If I dislike too much I do not support it, I do not read it. The world is so wide, we are so small still: why entre-degollarnos so much, devour us, destroy each other, everything but help us, idea that a certain Kropotkin has proven in another active time in the smallest animal and primitive man , but that seems to be extinguished when some anarchists are of different opinions? …

We should all the more associate as much as possible, for a frank cooperation without duplicity, since the general international situation would offer great possibilities, if the impulse of an anti-authoritarian renewal were manifested worldwide. Because she never devaluated herself as much as today’s authority for crimes and brutalities; political reformism and socialism were so impotent, so incompetent; the inefficiency of a socialism imposed and controlled from above as the present Bolshevism had never been made so palpable. Everything that is infested by the authoritarian disintegration virus or does not stand up more than by nameless cruelties, of which the nineteenth century would have been frightened in its years of greatest reaction. Who will inherit, then, from this terrible situation? It would be freedom, it would be anarchy if it were there to collect that inheritance. That requires a reasoned effort and therefore I do not understand a premeditated arrangement, but an attentive, receptive mentality and a persevering will two factors that require a very serious effort.

We see today, not a true socialism, but a deep awareness of its unworthy exploitation by the ruling classes and by its accomplice, the State, in all its forms, consciousness that permeates every worker. The discontent, the dull rage, the hatred of that increasingly shameless parasitism, exist; the same is the understanding that it does not depend on the will of the people to put an end to this state of affairs. But that would require the cooperation of the rebels and their first condition would be trust. Life is hard and malevolent, one is always deceived; neither the politician nor the trade union leader, routine men, inspire that confidence or give any impulse. Then the masses have their brakes, but they are there. They remember their rare moments of power, the occupation of the factories in Milan, the red weeks of Barcelona and Romana in 1909 and 1914, the riots throughout Italy, from Foggia to Milan, in May 1898, certain days in which they seemed to triumph but in which others hid fruit, in Germany, in Austria-Hungary, in 1918-1919, and the great crushing of Tsarism in 1917. All this can happen again every day in almost all of Europe and each day brings the news of more or less violent incidents of that struggle always ready to explode. The growing economic imbalance perpetuates unemployment and increases its number and makes intolerable the misery of those who, for years, are left without work and know all that bureaucratic and police apparatus that has them in submission; the rest of the workers felt the fear of losing their positions themselves. All this creates immense discomfort and it is very possible that wars will be fought just to decimate men again, because there are too many people. It will come then, or else the war of the science of destruction or revolutionary cataclysms that would bring to power the followers of the most brutal dictatorship.

I can not foresee what the anarchists will do, because, above all, I do not see them in Europe in sufficient numbers to influence the course of events. They would throw themselves into the whirlwind and do the hardest and most dangerous work, but, as in Russia in 1917-18, there will be others there, organized and willing to take power, and they will reap the fruits — as in Russia. It will begin, surely, by general meetings, by councils, soviets , composed by all, of office, of neighborhood, of factory; but through delegates and commissions a new hierarchy will soon be reached — and if those primary, majority, communist and social democratic assemblies create such a hierarchy by vote or acclamation, the game will have been done: from that moment the anarchists will again be out of law and will be reduced to inaction or crushed by massacres and dungeons as in Russia.

That is the point at which a force should intervene to say: that will not be done — and that force could be twofold: that of serious trade unionism and the humanitarian mentality of all non-anarchists, but also non-Bolshevists, not capitalists, not fascists that exists and that should be developed and increased. They and all socialists and other men of good sense and equity spirit will pronounce their veto and establish that principle: that the monopoly of a particular kind of socialism — like the quo usurped Bolshevism in Russia — will not be tolerated again.

I think it is essential to think about these possibilities, because an anarchy victory, the immediate universal and as a whole, seems to me an absolute illusion. If an anarchist minority majority were victorious locally, they would find a recalcitrant majority in the same place and hostile majorities elsewhere and would be forced to fight them, to terrorize them, to crush them or reduce them to silence: where would be the beautiful example of anarchy in those Terror conditions? It would be brutalized by these struggles or it would be annihilated by its adversaries. If, on the other hand, anarchy were not carried out more than when there was a majority, then it is better not to talk about it; that would be tantamount to relegating it to an indefinite and unimaginable period in which all the other systems would have been in force and at the same time, miraculously, the anarchist idea became in turn a majority!It will be necessary, then, to have a period, the fall of capitalism, through the elimination of parasites and the continuation of social life by workers and technical aids, which has long made this life possible, and the fall of the State, that is, the dispersion to the four winds of the officials who, like those in other capitalist times, will henceforth make useful work like the others. These liquidations will take place without fail, the evolution tends toward that goal as quickly as in 1789 tended to the liquidation of feudalism and royalty in France.

But once that is done, it is about preventing usurpation, the monopoly of a social party, — it is also about preventing the successive mutual devouring of parties by parliamentary intrigue. It is a matter, then, of not reiterating the struggles of 1789 to 1794 that ended in the guillotine, in the dictatorship, in Napoleon III [?] and in the empire; those of 1848, which reached May 15, the massacres of June 1848 and soon again a Napoleon and the empire; the Russian struggles from 1917 that culminated in the dictatorship of Lenin and his successors, in death, in the prison for the other parties.

It will be necessary, then, to finally establish coexistence, the mutually guaranteed coexistence of the parties. That is not so absolutely chimerical, when you put in it goodwill. Even political representation, parliaments have suffered in many countries from the simple majority system to the various systems of proportional representation. Even in the land where brutality and greed are so strong, [of the nationalities] begins to establish what is called the right of minorities. In religion the nineteenth century has established the freedom of worship, the exclusion of spiritual domination by a single church. The freedom of teaching, of science, of commerce are other precedents. Therefore, there would be to despair of everything, if it had to be said that only socialism — which tends precisely to found and cement human solidarity — would be in the hands of the ambitious and the fanatical the return to uniformity, to the single system , maintained by force, and that despises and tramples on every other social conception!

The policy has had its two Bonaparte and other fanatics of the absolute usurpation until the diverse Mussolini of our end-of-politique age; Socialism has had its spiritual usurpers, Marx, and materials, Lenin — both are equally dangerous, anti-human, antisocial. The political and social humanity will be separated from them, towards sociability, coexistence. The position of anarchy can not be with usurpation: it will be generalized, universalized one day — let’s hope it — but it will be an end, a goal spontaneously realized, it will not exist in the beginning (it would be as good as expecting a man to leave the womb of the mother grown up and not a child). All that must be said, and very highly. It is also necessary to reconstruct the mentality of freedom and coexistence that has overshadowed the resurrection of atavistic ferocity due to wars. It is not a job identical to anarchist propaganda — far from it. That propaganda, which I am the last to want to neglect or diminish, will go their way; but it will be necessary to recognize, elaborate on thought and propagate with intelligence that after the liquidation of capitalism and the State, only a solidarist coexistence can form the great base and the frame in which the various socialist realizations will be made, the anarchist and others, each which in its sphere, with its proportionate share of social riches, — just as after the fall of the Inquisition there was the freedom of cults and the freedom of thought or as after the Chaldean monopoly of Aristotle and Ptolemy in science , in astronomy, there were free and fruitful unfolding. Monopoly has never produced anything other than stagnation, unproductiveness. It would be the same for socialism and anarchy and it is a matter of hastening their advent by procuring those eugénicas conditions of coexistence and free experimentation that will allow them to prosper. If the anarchists give themselves to this work, the world will turn its eyes towards them and will not turn their eyes towards them and will not lose sight of them again as their saviors in this great crisis.

Let us remember the federalism of the Pisacane, Proudhon and Bakunin. These men, whom no one will bear with the reproach of having ignored the absolute importance of a broad and free picture of human development, which can only be established by federalism. Bakunin has felt more than anyone that the great struggle would consume, devour the first founders of anarchy, the clearing of the land, preventing the past from slipping into the future under some disguise, that the sterile dictatorship stops the free flowering, and putting then the basic foundations of the new construction. That would be done by the federation and the solidarity of the localities and the groups. The other essential condition would be the right of secession of the groups, small or vast, of the individuals. It has not dealt with the arrangement or the agreements that these groups would take among themselves; that would be his question and the result of his experience.

That new society interviewed by him was not, then, specifically anarchist; It was simply free, offering guarantees for every new form of freedom for contracts between groups and the freedom to do it by itself thanks to the right of secession. That picture that would have sufficed Bakunin, it seems to me that it can always be enough for the anarchists of our time. There would be thus, after the fall of capital and of the States, a solidarity of all the elements of the future social life and the anarchists would realize their way of living in their personal and local sphere to the extent of their forces. The one who wants to go with them will go, the one who wants to separate, will separate. An invading authoritarian system will not be possible, since it would be in contradiction with the general pact of solidarity, which all men of good sense will know how to keep in force. If the authoritarians form authority among themselves or if they burn their eyebrows at the altar of Marx and Lenin, in their private church, that will be a matter that concerns them. There will probably be a great majority of socialists pure and simple, men and women who will enjoy life and will not think about the quarrels of socialist chapels as we do not think about those of the Fathers of the Church, in the scholastics of the Middle Ages and in the quarrels of seventeenth-century theologians. The growing youth in that environment will join, let’s hope, to the freest groups and thus the anarchy will gain ground. There will be convenient arrangements for the objects used by all, roads, transportation, water, health organizations, etc., do not break our heads on those details as on the old problem so often discussed in another time: what will be done if a man build a house in the middle of a road or on the discussed around Tucker: if an individualist, adept to property, bought a monkey and that monkey evolved to the category of man, would be free for his human right or should be rescued by the fact of being bought being cute? With that scholasticism, and many other futures still, anarchy was isolated and precious years were lost, during which Marxist largesse and Bolshevist brutality have grown. Bakunin did not have time for that; I knew that it is necessary to begin at the beginning and that everything depends on the solidity of the first foundations, on the absence of initial defects. We are in similar case: the work is entirely before us .

But we possess infinitely more materials than then – what Bakunin would not have tried to do with the elements available today! We have a great favorable atmosphere in the unions, whatever the color of their bosses: it would be a mistake to disregard all the members of a union, because by some machination they find their ambitious front worthless. In recent years also the workers of large workshops and factories know each other better and form the local units of the greatest importance. We also know the interweaving of productive and indispensable work, the vital shoots of the social organism, whose detention paralyzes the rest. The capitalists also know that and have made arrangements to fight in that area, but the last English strike has not been too bright for the capitalists and will certainly have taught the workers a lot. And as I said already, many good elements are specialized neither by the big organizations of the parties and the unions in which the individual is only a number, nor by the anarchism that seems too theoretical, too detached from real life .

There is, then, a whole world to win for the idea of ​​coexistence, of the veto against the usurpations, of the fair play for all (equitable probabilities for all). It would emerge from that an appeasement of authoritarian hysteria, a renewal of courteous discussion, of study, of experimentation, a new flowering of hope, — in a word, a detention of evil and a libertarian initiative that would prepare the soil on the that the first flowers of the true anarchy of our dreams will flourish.

That is what those of the anarchists will cooperate to do willingly, spontaneously. Those who do not want to cooperate will do what they want; I do not criticize your activity genre. But they will refrain from putting obstacles to such an effort — they are no longer the guardians of the true lights of anarchy, as we are not. Anarchy, by its very essence, is nothing more than a method, free unfolding, and therefore necessarily multiple in forms, in results.

If, therefore, such an approach, intelligent and without duplicity of thought, to all the elements now relatively neutral and not corroded by the authoritarian gangrene, occurred to bring down the bullet on the side of freedom and progress, that would be a international anarchist effort worthy of the anarchists and savior for their cause, — without that the other forms of anarchist activity should suffer: on the contrary, all the diverse efforts will sustain and support each other.

III.

La anarquía como principio de organización de las sociedades ¿es o no revolucionaria?

Probablemente no comprendí bien el alcance de esa cuestión. Como Eliseo Reclus ha demostrado tan claramente, evolución y revolución no difieren más que en el ritmo; una acumulación de obstáculos acumula también fuerzas evolutivas que luego derriban el obstáculo y pasan por sobre él, lo que se ha convenido en llamar revolución. La acumulación enorme de obstáculos por tantos siglos de usurpación y de violencia producirá sin duda el barrido de esos obstáculos por una avalancha popular más fuerte que todos los asaltos que se le darán continuamente por la propaganda y los actos de toda especie. Lo mismo ocurrirá en los tiempos insoportable y no hayan podido desviarlo otros medios.

Por sí misma la revolución es una forma impuesta a la evolución por una fuerza hostil, por ejemplo un árbol detenido por un obstáculo sobre él se deforma primero a lo largo de ese obstáculo, hasta tener fuerza para suprimirlo a pesar de todo. Así el pueblo, en lugar de desarrollarse rectamente, en la estera y al preparación de une revolución, obligado a reunir fuerzas, pierde tiempo, cambia su buen humor en odio, pierde el placer en el trabajo forzado que se le impone, etc., y sufre así deformaciones, — justamente porque el capital, el Estado, el policía, el soldado le bloquean el camino, hasta su barrido definitivo. No es, pues, un estado ventajoso en sí une revolución — es una dura necesidad, y lo más pronto que después de tal crisis se ponga uno al trabajo mejor será: porque continuar en el ritmo febril de las revoluciones sería ir a un agotamiento rápido y a desilusiones crueles después. Lo que importa, como Bakunin decía a menudo, es que la revolución sea tan completa que la vuelta al pasado se haya hecho imposible, — entonces se avanzará. Es preciso saber “quemar los barcos” tras si, como dice el viejo proverbio.

III.

Anarchy as a principle of the organization of societies, is it revolutionary or not?

I probably did not fully understand the scope of that question. As Eliseo Reclus has demonstrated so clearly, evolution and revolution do not differ more than in rhythm; an accumulation of obstacles also accumulates evolutionary forces that then break down the obstacle and pass over it, what has been called the revolution. The enormous accumulation of obstacles by so many centuries of usurpation and violence will undoubtedly produce the sweep of these obstacles by a popular avalanche stronger than all the assaults that will be continuously given by propaganda and acts of all kinds. The same will happen in unbearable times and could not be diverted by other means.

By itself the revolution is a form imposed on evolution by a hostile force, for example a tree stopped by an obstacle on it is first deformed along that obstacle, until it has the strength to suppress it in spite of everything. Thus the people, instead of developing rightly, on the mat and preparing for a revolution, forced to gather strength, waste time, change their good humor into hatred, lose pleasure in forced labor imposed on them, etc., and thus suffers deformations, — precisely because the capital, the State, the police, the soldier block him the way, until his final sweep. It is not, then, an advantageous state in itself a revolution — it is a hard need, and the sooner after such a crisis one gets to work the better it will be: because to continue in the feverish rhythm of the revolutions would be to go to a rapid exhaustion and cruel disappointments later. What matters, as Bakunin often said, is that the revolution is so complete that a return to the past has become impossible, — then progress will be made. It is necessary to know “burn the boats” after, as the old proverb says.

IV.

Siendo una idea humana ¿es o no proletaria la anarquía?

Tampoco he entendido bien esa cuestión, tal vez. La anarquía es la cosa más ampliamente humana que se puede concebir y por eso mismo debe guiar ese noble esfuerzo de los humanos que es el trabajo — de manera que ese trabajo sea libremente aprendido, libremente aplicado y produciendo de ese modo productos armoniosos. Ese trabajo será une función física o psíquica de cada individuo. Así concebido está en ele otro polo de la palabra proletario que implica trabajo forzado, frutos del trabajo quitados por el explotador, por tanto, esa desviación terrible del noble ejercicio del trabajo que caracteriza el sistema capitalista.

Más que nadie, el trabajador así forzado tiene interés en recuperar su libertad, en apresurar el advenimiento de una sociedad libre. Pero ¿vale la pena decirlo? — no está exclusiva mente destinado a hacer ese esfuerzo. Todos los hombres están detenidos en su desenvolvimiento por el sistema presente, todos deben sacudirlo o ser enterrado bajo sus ruinas. Si hubiera la meno tendencia a limitar la anarquía a los proletarios, seria un aislamiento funesto, semejante al de los partidarios de la dictadura de clase, del proletariado, que se convierte en la de los jefes de esa clase, como en Rusia. La anarquía ha rechazado siempre tales limitaciones, apeló siempre a todos los hombres deseosos de disfrutar del completo desarrollo de sus facultades. Su fuerza y su victoria final reposan en que mará renacer así a la humanidad entera, detenida en sus progresos por las divisiones en ociosos y dominadores y en proletarios sumisos.

El esfuerzo por darle un nuevo vigor consiste ampliamente en hacer comprender a todos los hombres que no se trata de aplicar tal o cual programa económico y político, sino en devolver a toda la humanidad la libertad perdida. Esa libertad, ya recuperada intelectualmente por la ciencia, en tren de ser recuperado por la moral libre, por el arte libre será recuperada en el terreno de la política y de la vida social: entonces se podrá olvidar la palabra misma: anarquía — tendremos la vida libre en sus formas múltiples.

IV.

Being a human idea, is anarchy proletarian or not?

I have not understood that question either, perhaps. Anarchy is the most widely human thing that can be conceived and that is why it must guide that noble effort of humans that is work – so that this work is freely learned, freely applied and thus producing harmonious products. That work will be a physical or psychic function of each individual. Thus conceived is in the other pole of the proletarian word that implies forced labor, fruits of labor removed by the exploiter, therefore, that terrible deviation from the noble exercise of labor that characterizes the capitalist system.

More than anyone, the worker thus forced has an interest in regaining his freedom, in hastening the advent of a free society. But is it worth saying? – You are not exclusively destined to make that effort. All men are detained in their unfolding by the present system, all must shake it or be buried under its ruins. If there were the tendency to limit anarchy to the proletarians, it would be a dismal isolation, similar to that of the supporters of the class dictatorship, of the proletariat, which becomes that of the leaders of that class, as in Russia. Anarchy has always rejected such limitations, always appealed to all men willing to enjoy the full development of their faculties. Its strength and its final victory rest on the fact that Mara will be reborn in this way to the whole humanity, detained in its progress by the divisions in idle and dominating and submissive proletarians.

The effort to give it a new vigor consists largely in making all men understand that it is not a question of applying this or that economic and political program, but of giving back to all humanity the lost freedom. That freedom, already recovered intellectually by science, by train of being recovered by free morals, by free art will be recovered in the field of politics and social life: then we can forget the word itself: anarchy – we will have the free life in its multiple forms.

V.

¿Qué orientación debe darse en el presente a los niños para que lo antes posible labren ellos mismos su emancipación?

Este asunto es demasiado vasto para abordarlo aquí en detalle. Diría sólo que actualmente un niño, organismo tan abierto y receptivo para todas las impresiones, que acumula buenas y malas impresiones con una velocidad y una intensidad que es imposible controlar — que un niño está, pues, en el presente expuesto a tantas malas impresiones que no se puede darle bastantes impresiones buenas para reducir y contrarrestar el mal. Ve y oye tantas tonterías, crueldades, brutalidades en su ambiente o en el de sus vecinos como en la escuela oficial, luego por los periódicos, el cine el rumor publico, que sus padres no pueden [darle] nunca bastantes buenas impresiones — el niño se convierte en un producto incoloro, inferior, del sistema actual, justamente en ese que los capitalistas necesitan para hacer de él un obrero que no piense, un funcionario, que obedezca, un soldado que mate, en una palabra, un instrumento del trabajo subyugado — y más tarde será preciso mucho esfuerzo para humanizar a tal hombre, si es que es posible de algún modo.

Por tanto, es preciso que los padres contrarresten ese envilecimiento sistemático de los niños, ante todo por la bondad y la inteligencia. Ellos sabrán mostrarles — sin ninguna especie de propaganda y de enseñanza — lo que es socialmente bueno, lo que es individualmente recto y equitativo, lo que tiene un verdadero valor y lo que es rutina, prejuicio, moda pasajera, trivial perdida de tiempo. Los padres sabrán encontrar el medio de ensenar a los hijos la historia internacional, la de varios, pueblos para contrarrestar el efecto funesto de la enseñanza patriótica de la historia en las escuelas. Harán leer las descripciones de viajes, haciendo conocer así a los pueblos extranjeros de otro modo que por los relatos de guerras en los manuales escolares. Harán accesible a los niños libros de valor de otras literaturas; todo eso enseña el verdadero internacionalismo que se funda mucho más solidamente sobre conocimientos serios y variados que sobre el sentimiento y al abstracción. Despertarán el sentido critico de los niños, no un criticismo cínico que se burla de todo, sino ele que sabrá calar las mentiras oficiales de que se rodea a los pequeños lo mismo que a los grandes, el pueblo jamás emancipado, jamás maduro en la opinión de sus malos pastores. El niño aprenderá también por los padres a apreciar el trabajo, a ser activo él mismo. Se le explicarán las cosas que están a su nivel y se sabrá mostrarle que con un poco de esfuerzo avanzará en el dominio que excita su interés especial, y así sucesivamente.

Si se dice que muchos padres no poseen tales conocimientos y facultades ellos mismos, es bien lamentable, pero en muchos casos nada les impide adquirirlos aún, más o menos. Al bruto que dice: “yo no sé eso y mi hijo o tiene tampoco necesidad de saberlo,” oponemos los padres, — y los hay, — que aprenden ellos mismos, aunque sen a hurtadillas, para permanecer en estado de ayudar a sus hijos.

Todos eso puede ser secundado por las escuelas libres, escuelas Ferrer, escuelas modernas, pero entre la enseñanza individual y verdaderamente amante por un pariente próximo y la enseñanza, sea individual, sea colectiva, por un maestro cualquiera, hay siempre una diferencia notable, como la que hay entre el trabajo voluntario y el trabajo rutinario…

Diría aún que por excelente que sea el que los niños disfruten de la mayor libertad y no sean cargados con un trabajo pedantesco y a menudo muy poco [mal], como en las escuelas oficiales, no me parece bueno limitar lo más posible, — y más todavía, — el bagaje intelectual de los niños. El niño debe, pienso yo, almacenar en su cerebro muchas impresiones para tener entonces la libre elección, de olvidar y de conservar. No es más que sobre bases abundantes como pueden desarrollarse el juicio critico, la independencia intelectual. Es preciso un cierto esfuerzo para saber ver claro. El niño demasiado abandonado a sus propias inclinaciones y expansiones pierde ocasiones preciosas para instruirse. Nosotros tenemos necesidad de una juventud bien instruida que sepa destruir la mentira convencional y oficial que le rodeará en todas partes en la vida de esta triste sociedad moderna.

V.

What guidance should be given in the present to the children so that as soon as possible they themselves take their emancipation?

This issue is too vast to address here in detail. I would say only that currently a child, an organism so open and receptive to all impressions, that it accumulates good and bad impressions with a speed and intensity that is impossible to control – that a child is, in the present, exposed to so many bad impressions that you can not give enough good impressions to reduce and counteract the evil. He sees and hears so many nonsense, cruelties, brutalities in his environment or in that of his neighbors as in the official school, then in the newspapers, the cinema, the public rumor, that his parents can not ever give him enough good impressions — the child it becomes a colorless, inferior product of the current system, precisely in that which the capitalists need to make of it a worker who does not think, an official, who obeys, a soldier who kills, in a word, an instrument of subjugated work — and later it will take much effort to humanize such a man, if it is possible in any way.

Therefore, it is necessary that parents counteract this systematic debasement of children, above all by kindness and intelligence. They will know how to show them — without any kind of propaganda and teaching — what is socially good, what is individually straight and equitable , what has real value and what is routine, prejudice, fleeting fashion, trivial loss of time. The parents will know how to teach the children the international history, that of several people, to counteract the dismal effect of the patriotic teaching of history in schools. They will read the descriptions of trips, thus making foreign peoples know otherwise than by the stories of wars in school textbooks. They will make accessible to children valuable books of other literatures; all this teaches the true internationalism that is based much more solidly on serious and varied knowledge than on feeling and abstraction. They will awaken the critical sense of the children, not a cynical criticism that makes fun of everything, but the one who will know how to tell the official lies that surround the little ones as well as the big ones, the never emancipated people, never mature in the opinion of his bad shepherds. The child will also learn by the parents to appreciate the work, to be active himself. You will be explained the things that are at your level and will know to show you that with a little effort you will advance in the domain that excites your special interest, and so on.

If it is said that many parents do not possess such knowledge and faculties themselves, it is very regrettable, but in many cases nothing prevents them from acquiring them, more or less. To the brute who says: “I do not know that and my son does not need to know either,” we oppose the parents, — and there are, — who learn themselves, even if they sneak in, to remain in a state of helping their children.

All this can be supported by free schools, Ferrer schools, modern schools, but between individual and truly loving teaching by a close relative and teaching, whether individual, collective, by any teacher, there is always a notable difference, as the one between voluntary work and routine work …

I would also say that, as excellent as it is for children to enjoy the greatest freedom and not be burdened with pedantic work and often very little [bad], as in official schools, I do not think it is good to limit as much as possible, — and more still, -— the intellectual baggage of the children. The child must, I think, store many impressions in his brain to have then the free choice, to forget and to keep. It is only on abundant bases how critical judgment can be developed, intellectual independence. It takes a certain effort to know how to see clearly. The child, too abandoned to his own inclinations and expansions, loses precious opportunities to educate himself. We need a well-educated youth who knows how to destroy the conventional and official lie that will surround him everywhere in the life of this sad modern society.

VI.

¿Por qué sendas creen los compañeros que debe orientarse el arte en América y en Europa para saturar más el ambiente de anarquismo?

Sobre este asunte confieso mi competa incompetencia y competería a los artistas mismos la respuesta. El artista, mediante algunos rasgos de lápiz, puede producir un acto autoricida más hiriente que un acto de violencia o un libro de propaganda. El satírico, por algunas, líneas de articulo, el poeta, por algunos versos a menudo hace lo mismo. Estas cosas no se preparan y no se discuten, se hacen o no se hacen; así mil esfuerzos de los artistas quedan sin efecto y se hace uno que permanece inmortal. Es preciso, pues, dejarles hacer sin ofréceles consejos.

Yo he amado siempre el dibujo social, los Daumier, Steinlen, Willette y tantos otros. Encuentro poca satisfacción en lo que veo en nuestros días. Me parece que a la belleza estética que la idea de la anarquía tiene para mí, debería corresponder también la ejecución armoniosa de la obra de arte — y futurismo, cubismo y otros géneros que, en mi opinión, se derivan notoriamente de una mentalidad fascista (cada línea de F. T. Marinetti fue fascismo intelectual), — esos géneros chocan absolutamente con el sentimiento social y libertario que está en la base de un esfuerzo anarquista. Es posible que sea injusto para con algún bravo cubista y que haya entre ellos hombres muy apacibles y excelentes padres de familia; pero para mi lo que ellos hacen es siempre fascismo ilustrado y yo no lo quiero. La menor tarjeta postal con una bella flor o una hermosa cabeza de muja me aproxima más al “dulce país de anarquía” de esa bella canción de Paul Paillette; me asocia más a él arte social de las ultimas décadas de años, el que siguió a los Steinlen y los Willette de su buen periodo. La anarquía para mi está donde está lo bello y lo bueno. Todos conocemos la fealdad de la vida presente que nos rodea. Comprendo que se ataque esa fealdad por la caricatura social, pero si se la reconstruye tantas veces, eso es demasiado: ahí quisiera ver lo bello, el impulso hacia delante, la esperanza. Pero eso no es más que una aplicación del arte, la cuestión del arte es más amplia.

El arte verdadero, sensitivo en el más alto grado, depende de la vida, de sus tendencias presentes; sabe aún presentir vías nuevas de evolución, pero ¿sabe crear, obrar, avanzar, verdaderamente? Raras veces, pienso ya, y sólo cuando nos habla por la obra de grandes genios que están enteramente más allá de nuestras discusiones. En general el arte repercute el espíritu de una época — no la crea. La época presente de la autoridad, de las guerras, de la suprema rapacidad de capitalismo, de la brutalidad y nerviosidad generales produce un arte correspondiente, y no puede producir otro. D’Annunzio, elevado a la mentalidad fascista completa por el futurismo de un Marinetti desde 1909 aproximadamente; en 1909 se publican todos sus Manifiestos futuristas en Milán, precedidos por la revista Poesía, de esa cuidad; en 1909 apareció también la novela africana de F. T. Marinetti, Mafarka el Futurista (Paris, 1909, XI, 310 págs) y desde 1911 los horrores que se describen allí se realizan ya en Trípoli y la primera de las guerras europeas se hace y las bases de fascismo intelectual se plantean.

Cuán diferente fue ese bello periodo de 1890 a 1894 en Paris, cuando la anarquía floreció allí maravillosamente, irradiando en ese magnifico obrero del pensamiento que fue Eliseo Reclus, como en los actos valientes de los rebeldes Ravachol y Vaillant, en los primeros sindicatos verdaderamente militantes como en la elaboración seri de todos los aspectos de nuestras ideas por Kropotkin y los demás camaradas de La Révolte. Entonces, a esa anarquía tan variada, tan alerta y ascendente, afluía también el concurso de los artistas, de la literatura, de la pintura, del dibujo jóvenes.

Esos dos ejemplos demuestran para mí que a nosotros nos compete une renovación de la anarquía — entonces el arte estará con nosotros — antes no, según temo. Cuando llegue ese tiempo, tratemos de que no se vaya jamás, que la fuerte corriente que se crea permanezca y no se restrinja. El arte y la anarquía están hechos el uno para el otro, porque la liberta está en la base de todo el arte, — pero los artistas, hombres de su época, y el arte están separados por las condiciones de la vida presente; la anarquía los aproximará u el arte se generalizará en su régimen de armonía y de belleza.

VI.
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VII.

¿Qué concepto merecen las tendencias individualistas en el movimiento obrero actual?

¿Se trata de la critica, que se dice individualista promovida contra tendencias llamadas demasiado autoritarias o demasiado organizadoras en los grupos, en los sindicatos, los periódicos, etc.? ¿O bien es cuestión de los que se colocan complemente aparte y proclaman y elaboran en detalle un individualismo teórico que se esfuerzan por practica personalmente? No diré más esto, que individualismo como socialismo o solidarismo absolutos no pueden existir. La naturaleza produce la interdependencia de los organismos y no conoce el aislamiento completo, por grande que sea la necesidad de autonomía en muchos organismos. Si a ese mantenimiento de la mayor autonomía posible se agrega un deseo de acaparamiento, tenemos el egoísmo; si la interdependencia es bien comprendida y generosamente ejercida, tenemos el altruismo. Necesariamente esos factores operan en grados diferentes en los hombres y los que no son amplios de espíritu critican a los demás y se ponen como modelos, — tales discusiones no pueden acabar nunca, porque no hay nunca igualdad de condiciones y un criterio único. Muy a menudo tales discusiones son enteramente vanas.

Tomemos la más simple organización anarquista: tiene ya una acción triple ante si. Combate el pasado, las potencias autoritarias. Trata de difundirse en el medio imperfecto, indiferente que le rodea. Y aspira a realizar lo más posible de la libertad futura en su manera de obrar, iniciando a sus miembros en la practica de la libertad. Es evidente que esa triple actividad exigirá actitudes a menudo diferentes según el objeto presente — la resistencia o el ataque, la propaganda; la vida libre y la concepción del porvenir son asuntos que exigen grados diferentes de cohesión, de cooperación, de puntualidad, etc., que permiten un máximo diferente de libertad. Entonces nada más fácil que los malentendidos, la critica mutua — pero también nada más inútil. Alguien dirá siempre que se es demasiado autoritario, y alguien dirá siempre que hay falta de cooperación, que se ha obrado demasiado como individualistas.

Lo mismo ocurre con tantas otras diferencias que surgen siempre del hecho que alguien se tome a si mismo o a sus amigos como medida-modelo y censura todo lo que difiere. Eso no es individualismo, es autoritarismo — aunque se le llame cien veces con el nombre de individualismo. Un tal “individualista” se engaña mucho si cree ser el verdadero libertario; no es más que individualista-autoritario y como tal un aspecto y complemento del autoritario colectivo. La autoridad puede ser de derecha y de izquierda — ¡y no digo que esté siempre ausente del centro! Para mí está allí donde sé propone la doctrina única, presentándose como la verdad verdadera.

Con eso no preconizo de ninguna manera la inmunidad de las organizaciones de la critica y sé muy bien que la autoridad se vuelve a insinuar pronto y que es preciso estar alerta contra ella incluso en el ambiente más avanzado; — pero no reconozco el culto de la palabras, no me inclino ante la palabra individualismo como critica sumaria, como panacea. Eliminar la autoridad me parece más importante que cultivar la individualidad, expresión que tiene tantas significaciones que no dice ya gran cosa.

Considero, pues, en suma, que hay algo mejor que hacer que luchar entre si continuamente invocado el individualismo; si hay errores, abusos, es preciso hacer mejor por vía directa, sin esos desvíos de critica que se dice individualista, que no tiene por resultado más que el agriamiento y que se produzca demasiado desinterés por le individualismo serio — la necesidad de autonomía, el correctivo indispensable de une sumersión del individuo en una colectividad.

VII.
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