Ricardo Mella, “Hopes” (1906)

Todo en la vida material ha cambiado prodigiosamente. En la vida social, el obrero esclavo del salario, existe todavía para alimentar, recrear y conservar a una casta de hombres que tiene de su parte la supremacía del dinero.

Para el resto de los humanos que no pertenecen a esa casta, la civilización es abstracta, ideal, no traducida en hechos; el progreso una engañosa ilusión con cuya conquista se pavonean los servidores privilegiados del tercer estado enriquecido.

El pueblo carece de todo; carece primeramente de pan. Civilización, progreso, ciencia, arte, e industria, no son para él más que terribles mentiras, torturas inventadas por la novísima inquisición de los satisfechos.

¿Qué efecto pueden producir los museos atestados de maravillas artísticas, los gabinetes científicos con sus gigantescas oraciones, las fábricas con sus obreros colosos, los almacenes reventando con el hartazgo de mercancías que no se venden y los lindos escaparates con todos los refinamientos, del gusto y del lujo?

Hablad de todo esto a los millares de desarrapados que se llevan penosamente las manos hacia la región del estómago vacío, que arrastran sus pies desnudos por el fango de las calles, que mal cubren con harapos los pellejos que sirven de único revestimiento a un manojo de huesos, que crujen a cada paso como queriéndose romper, y sólo obtendréis un gesto doloroso, expresión del organismo aniquilado, indiferente, al borde de la tumba, esperando impasible la muerte, antes que buscando la prolongación de la vida.

¿Quién osará sostener que esta permanente perturbación, este inmenso desequilibrio es natural y eterno?

Hopes

Everything in material life has changed in a marvelous fashion. In social life, the worker, a wage-slave, still exists to feed, entertain and preserve a caste of men who hold on their side the supremacy of wealth.

For the rest of the human beings who do not belong to that caste, civilization is abstract, an ideal not translated into deeds; progress is a deceitful illusion of whose conquest of which the privileged servants of the enriched third estate can boast.

The people lack everything—and first of all they lack bread. Civilization, progress, science, art and industry are for them only terrible lies, tortures invented by the new inquisition of the sated.

What effect can be produced by the museums filled with artistic wonders, the scientific cabinets with their gigantic orations, the factories with their colossal workers, the warehouses bursting with the glut of unsold merchandise and the beautiful shop windows with all the refinements of luxury and taste?

Speak of all this to the thousands of ragged folks who painfully bring their hands to the vicinity of the empty stomachs, who drag their bare feet through the mud of the streets, who barely cover with rags the skins that serve only as the covering for a bunch of bones, which creak at each step as if ready to break, and you will simply get a pained gesture, the expression of an annihilated organism, indifferent, on the edge of the grave, waiting impassively for death, rather than seeking the prolongation of life.

Who would dare to maintain that this permanent disruption, this immense imbalance is natural and eternal?

[“La Libertad”. Pontevedra, 30 de abril de 1906.]

R. Mella, “Esperanzas,” El Porvenir del Obrero no. 249 (April 20, 1906): 3.

R. Mella, “Esperanzas,” El Porvenir del Obrero no. 266 (August 17, 1906): 2–3. [republication]

Working Translation by Shawn P. Wilbur

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