Soledad Gustavo, “Concepto de la anarquia” (1902)

CONCEPTO DE LA ANARQUIA

Es preciso no perder de vista nunca lo que significa la palabra «anarquía», ó mejor, lo que es, lo que representa, lo que instituye esta palabra en nuestras críticas respecto á las varias fórmulas ó sistemas consecutivos al bienestar de la humanidad que se presentan en el horizonte indefinido del progreso.

No podemos tener como á tales, los anarquistas, un criterio cerrado y por consecuencia limitado respecto á la manera cómo deberá regirse la sociedad del porvenir hecha que esté la revolución social; es decir, destruido que se haya el orden social existente con todo el fárrago de leyes políticas y económicas, autoridad, propiedad, religión, etcétera, etc., porque sería negar nuestra propia doctrina, la esencia misma de nuestro ideal de libertad.

La anarquía, además de ser la representación del sin gobierno, es la genuina expresión de la libertad total: libertad de pensamiento, libertad de acción, libertad de expresión, libertad de desenvolverse; todos cuantos conceptos puedan considerarse libres, los representa la acracia.

Ahora bien: entendiendo que la anarquía es lo que acabo de decir, cuantos quieran vivir en la amplia atmósfera de una situación libre y sean enemigos de la autoridad; cuantos, llámense A ó B, suspiren porque la humanidad encuentre su bienestar, libertada de esclavos y de señores, de dirigidos y de directores, son anarquistas, puesto que la anarquía es la genuina representación de la libertad en todas sus manifestaciones.

En el camino que recorremos encontramos diversas maneras de apreciar lo que será la sociedad futura; ¿sería razonable, por ejemplo, que yo dijera: poseo la certeza absoluta respecto la manera cómo se regirá la sociedad del porvenir, la fórmula de la sociedad ideal que mi cerebro ha forjado es la que prevalecerá, la que se imponga á los humanos hecha que esté la revolución social? No; porque se me podría objetar: «prevalecerá en los que estén conformes con ella, de ninguna manera en los que no lo estén; suceder lo contrario no sería posible, puesto que no habría quien lo impusiera ó dejaría de ser anarquía».

Todas las tendencias antiautoritarias son dignas de respeto y de estudio, como abonadas que están en el campo ácrata. Aun cuando más allá de la anarquía no hay nada, no puede haber nada, porque ella representa una idea absoluta, puesto que es la libertad absoluta, más allá del colectivismo, más allá del comunismo, más allá del individualismo puede haber algo, lo hay ya, sin duda, y por ello no debemos ni podemos los anarquistas cerrar nuestro criterio en los estrechos moldes de un sistema económico, que por el mero hecho de que en la célula y e» el hombre todo se renueva y transforma, sufrirá él las renovaciones y transformaciones consiguientes á todo organismo social.

La anarquía es la base de una sociedad que está; justa, porque sus miembros serán libres; pero dentro de lo que representa la anarquía caben infinidad de fórmulas. Sobre la base libertaria con seguridad se sentarán muchos sistemas, como sobre la base de la autoridad se han levantado un sinnúmero de formas de gobierno. Después vendrán las afinidades entre individuos, entre grupos, entre masas que pactarán lo que les convenga ó quieran.

Si un individuo quiere vivir completamente aislado, así vivirá, sin que nadie le imponga otro sistema de vida; si prefiere la comunidad, en la comunidad estará; si cree que la civilización es un bien, un goce, que representa una suma de bienestar digna de disfrutarse, en ella permanecerá; si, por el contrario, cree que los refinamientos de la civilización han traído las enfermedades y la degeneración de las razas, se irá en lo frondoso de los bosques ó en las fértiles praderas á gozar y á deleitarse en la contemplación de la Naturaleza. A éste, que se contentará con las acariciadoras auras, con el perfume de las flores, con las armonías de Natura, le bastará un trabajo simple para satisfacer sus necesidades; para el que busque los goces de la civilización necesitará un trabajo complejo. La vida será lo que nosotros querramos sea; no una imposición continua, como es en la actualidad.

A lo menos este es mi parecer, y porque es este mi pareced soy anarquista. Si la anarquía fuera un ideal que, como cualquiera otro de los que dominan en el campo autoritario, impusiera dogmas, coartara iniciativas, cohibiera sentimientos, dejaría de ser anarquista, porque ante todo y sobre todo está mi libertad, que no la abdico por nada ni por nadie. Mi profesión de fe anarquista no puede sufrir bancarrota alguna, porque en mi pensamiento, en mi voluntad, en mi ser todo, radica la fuerza que la forma.

Con este concepto que tengo formado de la anarquía, me importa poco cómo proceden ó piensan los que vayan delante de mí ó vengan detrás. Mi fe ardiente, mi convicción profunda de que la humanidad gozará del bienestar que es justo goce más ó menos pronto, pero que lo gozará si á los que luchan no les hacen desmayar los contratiempos que los rodeen, y á pesar de que desmayen, hace que no puedan tener cabida en mí los pesimismos que brotan de los eternos descontentos, cuyo único goce consiste en atormentarse á sí mismos.

Pulula en mi cerebro la forma de sociedad en que yo viviría si tuviera la inmensa dicha de alcanzar el día de tanto bien; pero nunca creeré, ni nunca pretenderé crean los demás que es la única forma de sociedad posible. Mis nervios, mis sentimientos, mis gustos, no son los de la humanidad, y puede muy bien gustarme á mí una cosa que para la inmensa mayoría sea detestable. Como anarquista no puedo imponer nada á nadie; como persona de sentido común, mucho menos. He ahí por qué estoy firme en mi terreno de lucha.

Vengan, pues, á nosotros cuantos amen la libertad y odien la autoridad; nuestro campo es inmensamente grande, tanto, que caben en él todas las fórmulas humanas que parten de la base de que ha de vivirse sin gobierno y de que ha de disfrutarse de toda le libertad posible, esto es, hasta donde llega el respeto á la libertad ajena.

Dice Malato en su Filosofía del anarquismo, que las grandes fórmulas del porvenir son autonomía y federación. Con ellas queda á salvo todo criterio, por cuanto con la primera se obtiene la libertad que pudiera creer alguien tener sujeta con la segunda. El hombre autónomo pactando ó federándose con lo que necesite ó quiera. La libertad individual sobresaliendo siempre, puesto que aun en el seno de la comunidad podrá serse libre.

El ideal anárquico, hijo más bien de la marcha de los acontecimientos que de las concepciones de los filósofos, será el que salve á la Humanidad.

Sepamos nosotros ser dignos de él, portándonos como tales, y habremos cumplido con nuestro deber, que no es otro que el trabajar para que la Humanidad llegue á alcanzar su bienestar lo más pronto posible.

SOLEDAD GUSTAVO.

La Revista Blanca 6 no. 107 (1 Diciembre 1902): 349-351.

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